Solamente tengo un día. Lo sé. No sé por qué lo sé, pero lo sé. No tengo tiempo que perder. Tengo que ir allí. ¿Allí? ¿Adónde? No lo sé, pero al mismo tiempo lo sé. Me siento perdido. No sé dónde estoy. Ya, ya sé. Es por ahí. Siguiendo esa calle al fondo. Cuando llegue, depués del callejón, entraré en un patio. Sí, ya recuerdo. Es por ahí, seguro. Camino. Hacia allá me dirijo. No llego. Me canso. ¿Como puede ser? Miro atrás, no hay nadie. Desierto. Vuelvo la vista al frente. Estoy en el patio. Hay una fuente con agua estancada. Miro al cielo. Parpadeo ligeramente. El cielo es muy azul, casi irreal. El sol está bajo, pero brilla fuerte. Sopla una brisa fresca. Me relajo. Respiro hondo. Noto una presencia a mi lado. Pasa rápido. Lo percibo como un soplo en la nuca. Se me eriza el cuerpo, de la cabeza a los pies. Bajo la vista. Parpadeo. No hay color. Todo es gris. ¿Dónde ha ido? Le busco con la mirada. No está. Me giro. No distingo su cara. Viste una gabardina. Se aleja con paso decidido. Atraviesa el pórtico del patio. Le persigo. No consigo alcanzarle. Sin darme cuenta ya he llegado. Estoy allí. ¿Seguro? Parpadeo. De nuevo color. Sí. El día se acaba. Es la hora, es el lugar...
martes 29 de enero de 2008
Sueño Granada
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3 comentarios:
Di que sí, que lo importante es el camino. Ya lo dijo Kavafis: Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca debes rogar que el camino sea largo...
¿Kavafis? ¿Y ese quien es? Tu eres de letras, no?
I, el tal Kavafis, afegeix que cal parar i gaudir en cada port que et trobis pel camí :)
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