miércoles 3 de octubre de 2007

Una de trenes

Hace unos días, en una de las estaciones en las que hace parada el tren que tomo habitualmente, se sentó delante mio una mujer de unos 60 años de edad. Iba con un vestido de gasa de flores y un bolso. Nada más sentarse abrió el bolso y sacó unos auriculares. Se los puso.
Mientras tanto yo iba entretenido con el móvil. De vez en cuando, la mujer abría el bolso y movía la mano como si estuviera intentando sintonizar una emisora. Poco después, el tren salió del tramo de túneles, volviendo la mujer a abrir el bolso y a hacer el mismo movimiento poniendo cara de frustración. De pronto la mujer sacó un paquete de pilas de 1,5V tipo AA seguido de un transistor del tamaño de un ladrillo, con una antena del grosor de un Montecristo del 4. Me costó contener la risa cuando se puso a cambiarle las pilas, sobre todo la segunda vez, porque la primera tuvo mala suerte y colocó mal una de las pilas.