Así te sientes, cuando entras al super de toda la vida y al empezar la ruta para llenar el carro, te paras en la estantería de los champús, coges uno, y te das cuenta de que lo que tienes en la mano no es champú, sino un bote de ketchup ?¿?¿?¿?.
"¡Lo han cambiado todo!" te dices. Y lo que más jode, sin avisar!!, y peor aún, sin dar un plano!! Es como si hubieras tenido un "dejà vu" en Matrix. Intentas buscarle un porqué, ¿qué necesidad había de cambiar todas las cosas de sitio?
No sé vosotros pero yo voy a comprar con la lista ordenada según un determinado criterio, porque mi objetivo es hacer la compra en el menor tiempo posible. Mi criterio para hacer la lista es: productos ordenados de tal manera que el camino seguido desde el primer producto al último sea mínimo. Todo esto mentalmente, eh... O sea, me hago un mapa mental del super. Cada estantería un punto, y me monto mi grafo con aristas dirigidas. Normalmente una vez hecho el grafo, se producen pocas modificaciones, porque más o menos acabas comprando siempre lo mismo. Ahí hay un trabajo previo de preparación y análisis mental, poca coña.
Y todo ese estudio se va al garete porque a un tipo (llamemosle "iluminao") se le ha ocurrido la brillante idea de que se tenían que cambiar las cosas de sitio. Que cambie de sitio los muebles de su casa, no??
Bien, realicemos la hipótesis de que no ha sido un capricho del "iluminao" cambiar las cosas de lugar. Que detrás del cambio hay un porqué. Según leo por internet, se trata de una especie de estrategia para que te patees todo el super y llenes el carro hasta los topes.
Pues igual funciona con alguien, pero conmigo ya te digo yo que no. Si acaso llego a casa faltándome cosas que no he podido encontrar, harto de dar vueltas...
lunes 21 de mayo de 2007
Desorientado
jueves 17 de mayo de 2007
Los asientos del tren
Hoy he hecho el viaje de vuelta a casa en tren. 40 minutos dan para leer un buen rato, escuchar música, o simplemente mirar el paisaje. Otras veces me encuentro cansado, y lo único a lo que me dedico es a observar a la gente. Hace tiempo que me di cuenta que los asientos del tren son como un bien preciado. Son como las rebajas, el que más corre se lo lleva, pero no a cualquier precio; el sibarita del asiento siempre sabe elegir el apropiado.
Los asientos del tren pueden clasificarse en los siguientes tipos: los del respaldo alto, y los de respaldo bajo de asiento con muelle (de esos que cuando el que se sienta a tu lado y se levanta de golpe, te retumban los tímpanos). Los dos tipos pueden tener las siguientes características: sentido del tren / sentido contrario al tren, ventana / pasillo.
A su vez, el valor de los asientos depende de varios factores que pueden agruparse en dos categorías: los debidos a las características circunstanciales y los relacionados con el tipo o característica física de la persona que vaya a sentarse. Así pues, características circunstanciales serían: "la hora punta", "la estación en la que se sube", "la orientación del tren respecto al sol", "la estación del año" y "el nivel de ocupación del tren". Las características físicas de los viajeros os las podéis imaginar: altura, peso, volumen, etc.
Después de toda esta puesta en escena, pasemos a un ejemplo normal:
Tren que sale de la primera estación de la línea a las 11 de la mañana.
A esa hora, la mayor parte de la gente está trabajando y los estudiantes ya están en clase. Hay una amplia oferta de asientos. Por lo general, se prefiere el asiento que está dispuesto en la misma dirección y sentido del tren, y en el que el resto de asientos no estén ocupados por otros usuarios. Tambíen es importante que el asiento se encuentre en un punto medio entre las puertas de entrada (por aquello del frío del invierno y el calor del verano) y las de comunicación de vagones (por el ruido). El viajero se dirige de forma relajada al asiento.
Veamos ahora un ejemplo extremo:
Tren medio vacío que llega a una estación importante en hora punta.
Lo primordial es la colocación en relación a la posición de las puertas. Existe una técnica bastante perfeccionada, que consiste por una parte en la memoria (la tercera puerta del segundo vagón queda justo delante de la máquina de refrescos que siempre se queda las monedas) , y por otra
en las ganas de joder al personal que tenga el maquinista. Hay una regla que dice que un tren nunca para en el mismo sitio que el anterior.
Una vez dentro del tren, los asientos más valorados son: los que no tienen nadie alrededor, de respaldo alto con sentido del tren. El asiento de pasillo es preferido por las personas de más de 180 cm de altura y si se viaja en invierno, pues tanto puede ser que esté encendida la calefacción y se te achicharre la pierna como que no lo esté y el frío que entre por las rendijas te la congele.
A medida que estos se llenan, el valor de los asientos en sentido contrario al tren ganan en valor. Una vez ocupados, solamente quedan los de respaldo bajo, y naturalmente, por último, el suelo, opciones poco recomendables en los días de lluvia y viento.