CATAS CREATIVAS /
Minicurso d Creatividad / 27 de Junio 10-13 h.
Be creative, my friend... from MICELULACREATIVA on Vimeo.
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CATAS CREATIVAS /
Minicurso d Creatividad / 27 de Junio 10-13 h.
Be creative, my friend... from MICELULACREATIVA on Vimeo.
Las películas orientales, ya sean coreanas, japonesas o chinas, nunca me dejan indiferente. Siempre tienen algo original para bien o para mal.
Hace unos días vi Azumi de Ryûhei Kitamura. Si resumiéramos la película en una frase, sería algo como: "Asesinos entrenados por un antiguo guerrero se preparan para atacar a los enemigos del clan al que pertenece su maestro".
La película empieza en unas montañas áridas de Japón. Imagen de una niña al lado de su madre. La madre está tirada en el suelo más tiesa que la mojama. Aparece un hombre con el típico sombrero de mimbre con alas anchas acompañado por tres críos. El hombre trata de consolar a la chiquilla y se van todos juntos.
Viven en las montañas. Pasan los años. Los críos ya no son ni tres ni críos, son nueve mozalbetes y Azumi. Un día, el maestro decide que es el momento de cumplir la misión. Todos parecen ilusionados después de entrenarse durante tantos años. Pues bien, el maestro reúne a los 10 y les dice que para cumplir la misión deben elegir un compañero. Una vez emparejados, les ordena matarse entre ellos.
Nota: Un maestro además de cabrón muy tonto la verdad... entrena a un grupo de 10 asesinos durante unos 20 años y se carga la mitad... con riesgo de que los que sobrevivan queden heridos... alguien lo entiende ¿?
Al principio dudan, es evidente. Pero como diría mi abuela, "El comer como el rascar... todo es empezar". El primero en blandir la katana es el ojito derecho del Maestro Cabrón. De un katanazo fulmina a traición a su colega, y se justifica diciendo que si la misión por aquí, la misión por allí, que si el maestro... total, además de pelota y cabrón, traidor. Total, que el resto se va animando, y uno a uno van cayendo hasta que solamente quedan 5: Pelota Cabrón, Troglo, Pregunticas, Mutonto y Azumi.
Después de la pequeña matanza, Maestro Cabrón y sus pupilos asesinos bajan de las montañas en aras de cumplir su misión. En su camino atraviesan un poblado que está siendo atacado por unos bandidos. Pregunticas quiere intervenir para ayudar a los indefesos aldeanos, pero Maestro Cabrón se lo impide.
Poco después aparece un ninja, que resulta ser un mensajero del Sacerdote Tenkai, el jefe de Maestro Cabrón. Le entrega una carta en la que marca los objetivos que debe acometer el escuadrón asesino. Se trata de eliminar a los jefes de 3 clanes enemigos de Tenkai.
El primer objetivo es el jefe Nagamasa. A este lo cogen por sorpresa y se lo ventilan rápido.
El segundo, Kiyomasa, viendo lo que se le viene encima, ordena a su jefe de armas, Lorenzo Quinn, que se ponga en alerta.
Durante un paseo por el bosque, el escuadrón de la muerte prepara una emboscada a Kiyomasa, pero Lorenzo, que es más listo que los ratones coloraos, coloca un doble en el puesto de Kiyomasa. Total, que sin saberlo, los pupilos se acaban cargando al doble.
Kiyomasa decide pasar al contraataque. Saru, un ninja con cara de mono a las órdenes de Lorenzo, localiza la guarida de los pupilos asesinos. Poco después, Caramono va a buscar refuerzos, y contrata a tres mercenarios un poco locos. Lorenzo, no contento con los fichajes decide que es el momento de sacar de prisión a un extraño personaje.
Después de tanta violencia, desmembramientos y chorros de sangre, para distraese un poco, Maestro Cabrón y los suyos se acercan a un pueblo donde unos saltimbanquis ofrecen un extraño espectáculo con abanicos. Pregunticas se prenda de una de las acróbatas.
Al dia siguiente Azumi, Pregunticas y Troglo se vuelven al pueblo a despedirse de los artistas.
El ninja mensajero descubre los planes de Kiyomasa y avisa a Maestro Cabrón.
Mutonto no va al pueblo con sus colegas, le pasa algo. En la lucha contra el clan de Kyomasa, un ninja le había herido levemente con un arma envenenada, pero el veneno era letal y Mutonto está ya en las últimas.
Continuará
Antes de emprender el viaje me hice a mi mismo una promesa: intentaría vivir al 100% la experiencia, con los cinco sentidos a tope, viviendo el presente.
Así pues, lo puse en práctica nada más salir de casa, y en cuanto llegué al aeropuerto de Reykjavik un punzante e intenso dolor de cabeza estropeaba mi primer día de viaje. Mi cerebro se quejaba de la única manera posible ante tal torrente de sensaciones. Sensaciones por otro lado nada fuera de lo común, lo típico: taxi, check-in, embarque, despegue, vuelo y aterrizaje.
Total, que le dí al cerebro lo que quería: la siempre efectiva combinación siesta+gelocatil(1gr).
Quedé como nuevo y listo para captar lo que Islandia deparaba:
Los contrastes de colores y paisajes de Landmannalaugar. Los glaciares Langjokull, Myrdalsjokull y el enorme Vatnajökull. El color rojizo del volcán Eldfell y el amarillo del azufre en su cráter. El verde del musgo y de los líquenes. El azul del Blue Lagoon y de los glaciares. El color negro de las columnas basálticas que rodean Svartifoss.
El silencio absoluto en Landmannalaugar.
El sonido del agua hirviendo en la zona de Geysir.
Los bloques de hielo deshaciéndose al sol en la negra playa en la que desemboca Jökulsárlón.
El potente y frío viento en los Westfjords. El vapor de agua expulsado por los géisers.
El olor del agua caliente en Reykjavik y el de los vapores de sulfuro de las pozas de barro en Námafjall, en el área volcánica de Krafla. El olor a mar en el puerto de Husavik.
Las gotas de agua caliente expulsada por el géiser Strokkur y el efluvio de agua fría de las cascadas Gullfoss, Skogafoss, Svartifoss, Selfoss y Dettifoss. El agua caliente de los jacuzzi al aire libre.
El sabor del cordero a la parrilla, mucho mejor que el del pescado seco.
El trozo de hielo que me jalé del Vatnajökull.
Y mucho más...
Sobre las 18:00 he empezado a darme cuenta que quizás llevarme el trípode no era una buena idea. Es una lástima, porque Islandia no es como Japón, que en cualquier rinconcillo encuentras un tripode acollado al suelo con rosca universal listo para colocar allí tu cámara e inmortalizar el momento. Total, que adiós a las fotos de escenas nocturnas :(
Sobre las 19:00, ante la imposibilidad de comprimir más el equipaje, me he planteado la posibilidad de ir al Decathlon a devolver las 2 mochilas de 40L que le llevo a Miguel a Reykjavik xD.
Sobre las 20:00 he pensado que a lo mejor llevarme el portátil como almacenamiento de fotos tampoco era una buena idea. No por el portátil en sí, ni por el peso ni nada de eso, sino por los recuerdos que vienen a mi memoria del aeropuerto de Stansted.
A la hora de pasar el control, solamente se podía pasar con una bolsa. Llevaba una mochila del Decathlon de 10L y una maleta como equipaje de mano. Tuve que sacar 2 jerseys, y ponermelos para poder meter la mochila dentro de la maleta.
Pasé, sudando, pero pasé. Ahora que pienso, a la vuelta hacemos escala en Stansted.
Sobre las 23:00 he llegado a la conclusión de que igual mi algoritmo de compresión no era el adecuado. Lo he sacado todo de la mochila y lo he vuelto a meter, esta vez con una estrategia diferente.
Sobre las 00:00 me he dado cuenta de que las chirucas, al igual que el abrigo con forro polar, no me cabían tampoco en la maleta.
01:30 de la madrugada.
Después de una intensa lucha contra las leyes de la física, he conseguido meter todo lo necesario en la funda exterior de la mochila. La funda parece una morcilla de burgos.
Creo que en cuanto llegue al mostrador del vuelo, me van a hacer pagar por sobrepeso, sobrevolumen y sobreloquesea que se pueda pagar de más.
Finalmente mañana, si van al aeropuerto de Barcelona sobre las 12:00 de la mañana y ven a un tipo con chirucas y abrigo con forro polar a 30ºC, con un portátil, una mochila de 20L y una funda con tres mochilas de 40L... no se lo tengan en cuenta, ha hecho lo que ha podido.
Brindo por mi victoria con cerveza Estrella en un vaso del IKEA.
Mañana mi brindis será con un brevaje diferente, con un cuerno como recipiente :D
Skál!